Inés Cook

DE LA SOLEDAD, EL MISTERIO,

EL GOZO Y LA AGONÍA

(Selección)

 


Puñados de misterio y resplandores
hay ocultos en cada sedimento
cual pétalos que son el ornamento
y están cubriendo el centro de las flores
Hasta cuándo dejar que te demores
en este desvestir que se hace lento
Libérate de cargas y jumento:
ya quiero verme libre de temores
Constante tú has de ser en este andar
sacando viejas pieles hacia adentro
y una a una arrimando has de buscar
la fuente del aroma y darle encuentro
Ayúdame, Señor, a penetrar
para poder llegarme hasta mi centro

 

 

IV

 


Son caminos de amor los que recorro
tras Tu huella siguiendo en mi aventura
y no hay allí ninguna criatura
que en vuelo haya subido hasta ese morro
Solitaria he cantado yo mi corro
con aves que amanecen en la altura
Son ellas el recuerdo que perdura
cuando noche se ha puesto ya su forro
Viene entonces el día con su anhelo
y la forzada distancia a que me obliga
No me dejes apartada tras el velo
No Te ocultes en luz que no me abriga
Déjame cantarte otro poema al vuelo
Deja que un poco más mi amor Te siga

 

 

V

 


¿Por dónde proseguir ahora, Amado?
¿Qué versos cantarán de Tu dulzura?
Siendo esta voz que tengo tan impura
¿cómo he de realizar lo encomendado?
Pues no soy más que un charco aquí enlodado
y el tenue brillo esconde la atadura
Pesa tanto esta tierra que me dura
que me empozo, Señor, aunque inundado
He de esperar que llegue Tu corriente
y arrase con el barro que me abruma
hasta que limpia el agua no se asiente
sino corra cual río que perfuma
o si es Tu fuego el que me llega ardiente
me incendies en Tu amor y me hagas bruma

 

 

XIII

 


Oh Señor, qué difícil el camino
cuando ando con mi paso torpe y lento
Sin Tus alas ya todo aquí es lamento
error, desgano y áspero destino
Las palabras se arrastran ya sin tino
y en tan superficial razonamiento
que dudo su verdad y acaso miento
sedienta como estoy de fresco vino
Si ahora Tú llegaras con Tu fuente
y me hablaras callando lo que digo
Tu luz me escondería de este frío
e inmersa en el torrente del que sigo
toda esta sequedad se haría puente
mis lágrimas corriendo hacia ese río

 

 

XXI

 


Antes que yo naciera ahí Tú estabas
sonriéndome en Tus brazos recogida
y todo lo que yo amo en esta vida
descubro es lo que entonces Tú me dabas
A la tierra y al cuerpo los regabas
con agua que manaba incontenida
a perfectos lugares dirigida
lloviendo en el espejo que creabas
En todo lo que veo reconozco
lo mismo tanto en aves o en maderas
Las cosas para mí no son extrañas
pues es un fiel Amigo a quien conozco:
un río que recorre mis laderas
un mar que amable baña mis entrañas

 

 

XXII

 


Invisible revela Su presencia
al corazón vacío de deseos
De esperanza y temor ya no son reos
los pacientes amantes en la ausencia
Ah, si supieras que ésta, la conciencia
es sólo una y nunca da rodeos
¿A qué vestirse de ropajes feos
si es esta desnudez más sabia ciencia?
Es en el bosque la gacela esquiva
y en el claro se muestra generosa
ahí donde la luz se hace más viva
pues apartando mala hierba y rosa
limpiamos el camino que reciba
en este corazón Tu voz hermosa

 

 

XXXVI

 


Yo soy sólo un inmenso y cruel vacío
pura necesidad, sediento anhelo
y usando a la palabra de señuelo
intento así abrigarme de este frío
Pero olvido la Fuente de aquel río
y en mi tonta ignorancia me rebelo
buscando en este mundo algún consuelo
sabiendo que ningún cantar es mío
Pues vacuidad encuentro en todo aquello
que acometo buscando el fiel cariño
Perdida y rechazando toda ayuda
y deseando creer que el mundo es bello
me alejo de mi Madre como un niño
quedándome aquí ciega, sorda y muda

 

 

Apatheia Ediciones, Lima 2002
© Inés Cook
III
  

 
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